El festival es el latido artístico de las Canteras de s’Hostal, un espacio industrial recuperado desde 1994 y transformado en un jardín de piedra y espacio cultural. El proyecto se dedica a revivir las canteras, transformando el legado de la antigua extracción de marés en una expresión viva que honra el pasado desde el presente.
La iniciativa nace del amor por la tierra y de la voluntad de preservar el entorno de Menorca, Reserva de la Biosfera, mediante acciones conscientes para proteger el paisaje y la biodiversidad.
El festival respeta y pone en valor el patrimonio de las paredes esculpidas durante años de trabajo, preservando la esencia y la autenticidad de los muros de marés y evitando siempre el uso de anclajes directos.
Tenemos especial cuidado con la iluminación y el sonido para mantener el equilibrio con la fauna que habita en las canteras. La acústica del espacio es única gracias a su verticalidad, y la programación musical apuesta por sonidos orgánicos y tranquilos. Con una iluminación indirecta e íntima, evitamos que la luz o el sonido se proyecten hacia el exterior y alteren la vida animal.
Tanto el acceso como el aforo limitado a los conciertos protegen el entorno de las aglomeraciones, cuidando así la flora endémica y la fauna con la que convivimos.
Gestionamos los residuos de manera responsable, utilizando materiales reciclados y fomentando la clasificación de los residuos.
Para proteger la tranquilidad de las canteras, animamos a hacer un uso compartido del vehículo para llegar al recinto.
Las Canteras de s’Hostal se convierten en un crisol donde confluyen músicas y culturas del mundo con ritmos, emociones y vivencias. Este espacio, que ha vibrado a lo largo de los años con los sonidos del trabajo de los canteros, los largos silencios y el canto de los pájaros, vibra con la música que llena la cantera de nuevo, dándole un sentido vivo, de encuentro.
Este año, Fosquets Lithica recorre un amplio abanico que va desde las músicas espirituales del Senegal hasta los cantos de las mujeres tejedoras de Irán, desde Palestina a la India, de las músicas de raíz de la Península Ibérica a la polifonía corsa, y a nuestra cita anual con Bach y su tiempo… Menorca abraza el comienzo y el final del festival. Después, al final… otra vez la cantera vuelve al silencio y al canto de los pájaros.
Escuchar voces de Senegal, de Irán, de Palestina o de la India nos recuerda que el respeto y la igualdad son el camino para convivir y compartir. Queremos que las canteras sean un refugio donde todo el mundo pueda disfrutar de la cultura con total libertad y libre de cualquier forma de discriminación.
Para dar respuesta a cualquier situación discriminatoria, el festival dispone de un protocolo de actuación ante cualquier situación de acoso. Si en algún momento sientes malestar o percibes una falta de respeto, nuestro equipo está aquí para escucharte, acompañarte y actuar.
Queremos que el escenario sea un reflejo de esta igualdad, y esto se manifiesta en una programación que da voz y visibilidad a mujeres artistas, y en un equipo humano formado mayoritariamente por mujeres.
Esta manera de hacer se consolida en un Plan de Igualdad que nos sirve de guía, asegurando que la equidad esté presente tanto en la creación artística como en la organización del festival.
Del arraigo al territorio nace la colaboración con entidades y proyectos locales. Este vínculo nos permite abrir el festival a la diversidad social de la isla, haciendo que la cultura llegue a todo el mundo.
Este compromiso se traduce también en nuestra manera de trabajar: priorizamos la contratación de servicios de entidades de economía social, porque queremos que el impacto del festival ayude a fortalecer el tejido humano y social de nuestro entorno.
La cultura se entiende como un derecho que debe ser accesible para todo el mundo, sin barreras. Para facilitar la movilidad en un entorno natural tan singular, el festival dispone de un servicio de asistencia y transporte adaptado hasta la zona del concierto.